Decenas de policías y patrullas fueron desplegados en el Centro Histórico para vigilar que se cumpliera el cierre de negocios durante el fin de semana.

Ayer, en el primer cuadro de la ciudad permanecieron las cintas amarillas en calles como Corregidora, donde se registró poca movilidad de personas, quienes preguntaron a los policías cuándo volvería a abrir el Centro.

Fue el caso de la señora Carolina Castañeda, de 51 años, quien acudió a comprar herramientas; sin embargo, encontró todas las ferreterías cerradas.

Pese a la urgencia de adquirir tornillos y focos, afirmó que la apertura debe ser controlada para evitar contagios de Covid-19.

Que no haya tanta acumulación de gente, que se vaya abriendo poco a poco porque se desborda mucho, sobre todo los fines de semana, manifestó.

En 16 de Septiembre, la cafetería Cielito Querido, señalada como uno de los negocios que no siguió los protocolos sanitarios, permaneció cerrada. Mientras el resto de los restaurantes continuaron ofreciendo servicio sólo para llevar.

En un recorrido no se detectaron toreros o comerciantes informales en las calles, sólo una mujer que vendía pulseras tejidas y un organillero.

Sobre el tema, locatarios consideraron injusto abrir a medias, cuando integrantes del comercio informal han operado durante toda la emergencia sanitaria.

En una misiva enviada a la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, empresarios y vecinos de la calle Manuel Doblado llamaron a no permitir la operación del comercio callejero, que nunca ha parado sus actividades ilegítimas durante la pandemia.

“La nueva normalidad en el Centro Histórico no solamente ha afectado a comercios, sino también a los habitantes de la zona, que ya estamos ante la incertidumbre de cómo tendremos que retomar nuestra vida cotidiana.

Todos los días vivimos la delincuencia en las calles, y ahora, con el cierre del comercio establecido, somos más vulnerables para ser víctimas de la delincuencia, porque el ambulantaje no ha dejado de trabajar y ha sido cómplice de asaltantes.

Fuente: La Jornada