Francisco Garfias

El Presidente está nervioso, malhumorado, agresivo. No es para menos. Vivimos la peor crisis de la que tenga memoria cualquier mexicano vivo.

Una pregunta sobre el Infonavit, formulada en la mañanera, sirvió para que despotricara contra sus críticos y le pusiera precio a la libertad de expresión.

“Váyanse preparando”, advirtió a “algunos columnistas” que, afirma, cobran por atacarlo.

Cito textual lo que dijo: “Estoy buscando la manera de que cooperen. El atacarme es una empresa lucrativa. ¿Cuánto les dan por atacarme?

“Ganan por eso. Entonces deberían cooperar en algo. Que sigan atacando, pero que de lo que les pagan, porque es prensa vendida o alquilada, que ayuden en algo.

“Si son, ya no un millón, pero 500 mil (pesos), que aporten 50 mil para una causa justa. Ya con eso mantienen su licencia para seguirme atacando…”.

Por supuesto que AMLO no dijo quién cobra ni quién paga. Son señalamientos para intimidar, controlar, acallar la crítica. Es intolerancia que manda señales preocupantes. ¿Quiere eliminar la crítica? ¿Aplastarla? ¿Instaurar el Pravda de la 4T?

Ya encarrerado, se refirió a la polémica en redes sociales en la que se vio envuelta su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, y a la cascada de mensajes desatados por el comentario, fuera de lugar, de Chumel Torres sobre su hijo.

“¡Es conmigo, no con mi familia! Yo soy el que conduce la transformación, no mi esposa ni mi hijo”, subrayó.

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El Presidente no admite que hay crítica honesta a su gestión. Estás con él o contra él. Está convencido de que no se equivoca, que la 4T es correcta y que quien se atraviese es un corrupto que añora el pasado.

Se autorretrata como “el presidente más atacado de los últimos 100 años”. Lo dijo en la mañanera; lo repitió en su informe. Le resulta intolerable que se señalen errores, que son muchos y en todos los frentes: económico, sanitario, de seguridad, empleo.

Las estadísticas, incluso las oficiales, dan cuenta de una realidad incontrovertible, la cual sólo sus fervorosos seguidores niegan.

Hace muchos años que no estábamos tan mal.

Pd: Este espacio es crítico de la 4T. Nunca he recibido ofertas de nadie para atacar al Presidente a cambio de dinero.  El que sustente lo contrario que presente las pruebas.

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Otra vez me veo obligado a insistir en que algunos de Morena, no todos, son peores que los viejos priistas.

Está en curso en la Cámara de Diputados una maniobra para “disciplinar” al PRI o, de plano, quitarle la presidencia de la mesa directiva que le toca por Ley, al ser la tercera fuerza parlamentaria.

¿En qué consisten esas maniobras?

Inusitadamente, algunos diputados de Morena, partido en el poder, se brincan al PT, partido satélite que estuvo al borde de la extinción.

Primero fueron cuatro. Esta semana otros dos. Uno más, Jesús de los Ángeles Pool Moo, renunció a la bancada guinda sin sumarse, todavía, al PT.

Al grupo que comanda Reginaldo Sandoval le faltan cuatro diputados para rebasar al PRI como tercera fuerza.

Llama la atención que Poo acompañó su renuncia con fuertes críticas a Morena.

En una carta que le envió a Mario Delgado, coordinador de Morena, dice que en ese partido no existe liderazgo ni dirección clara, transparente y legítima.

“Para muestra un botón: hoy por hoy y desde hace seis meses hay pugnas entre corrientes internas del partido, que sólo denotan una lucha de poderes fácticos por intereses cupulares. Estas pugnas “han atropellado de manera alevosa la esencia por la cual se formó este partido político…”, dice Poo.

Sabemos que hay una propuesta intermedia para que el PRI se quede seis meses en la presidencia de la mesa y los otros seis el PT, pero el tricolor la rechazó.

“Lo que no quieren es que un opositor presida la mesa directiva en las elecciones”, nos dijo una fuente parlamentaria.

No se extrañe si en las semanas que vienen más diputados de la coalición Juntos Haremos Historia se pasan al PT.

Ya sólo le faltan cuatro para rebasar al tricolor. 

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Morena debe renovar su dirección nacional en septiembre, de acuerdo al fallo del Tribunal Electoral.

Tendrá que ser una encuesta abierta a la población —y  no sólo al Consejo Nacional—, lo que abre el abanico de posibidades.

En la contienda hay dos opciones: la radical, que representan Bertha Luján o la propia Yeidckol Polevnsky.

Y la moderada, donde estarían Mario Delgado, discípulo de Ebrard, y Alejandro Rojas, suplente de Ricardo Monreal.

Lo que está en juego no es menor: el perfil que tendrá el partido en el poder durante la segunda parte del sexenio de AMLO.

Publicado en Excelsior