Laberintos del Poder

Emilio Trinidad Zaldívar

El hoy presidente de la República salió hace más de treinta años del PRI porque decía que era antidemocrático, porque se había alejado de su origen, porque ahí se practicaba de manera cotidiana el abuso del poder y la corrupción; criticaba ferozmente que los otros dos poderes estaban al servicio del Ejecutivo federal de manera servil y descarada y que eso en nada contribuía al progreso, a la justicia, al desarrollo y al crecimiento de la nación, porque -aseguraba- era a capricho de quien despachaba en Los Pinos el sometimiento de las demás fuerzas políticas que debían hacer contrapeso y equilibrio, lo que nos mantuvo en estancamiento o retroceso permanente.

Hoy Andrés Manuel López Obrador, desde la cúspide del poder, hace justo todo aquello que combatió. Todo aquello que señaló. Tiene a ambas Cámaras, de diputados y senadores, bajo sus órdenes y sujetas a sus intereses, ambiciones y ocurrencias.

Hasta el hartazgo dijo que nadie podría estar al margen de la ley y por encima de la misma, pero pisotea lo que establece la Constitución y así como fue sometido su gobierno por un narco sinaloense, él hace lo propio como amo y señor del Congreso de la Unión, poder que tiene de rodillas en espera de sus órdenes para cumplir sus caprichos.

En tal sentido y de forma por demás grotesca y contradictoria a sus mensajes, el Presidente ha instruido a Ricardo Monreal, líder de Morena en el Senado, haga todo lo necesario para que Rosario Piedra sea la próxima titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, cuando la señora no debiera siquiera estar dentro de la terna por ser integrante del partido político que llevó al poder al actual Ejecutivo federal, además de que la hija de doña Rosario Ibarra de Piedra no es abogada.

Ricardo Monreal Ávila ha dicho que él -como representante del Legislativo- jamás permitirá que el poder presidencial le dicte línea, pero hoy es un títere del titiritero que vive en Palacio Nacional, que dicho sea de paso, ha acumulado mayor poder que cualquier otro mandatario hubiera tenido, querido o imaginado.

En el camino, Monreal y sus seguidores, que como borregos siguen al pastor, pretenden dejar a una figura que cuadra perfectamente en un cargo que requiere verdadera autonomía para trabajar por la auténtica defensa de los derechos humanos.
Este personaje tiene el perfil idóneo y la experiencia acumulada en muchos años de pugnar por el respeto a indígenas mexicanos del estado de Oaxaca.

Arturo Peimbert no es un improvisado en la materia y ha dado pruebas claras de una conducta vertical, intachable y honesta en el desempeño de sus funciones, para que cualquier ser humano que habite o circule por México, cuente con la garantía de ser protegido y defendido en sus derechos.

Si el experimentado político zacatecano quiere recuperar el prestigio que alguna vez tuvo, debe probar en los hechos que no es con amagues o instrucciones del presidente como se definen las cosas en el Senado. El Ejecutivo a lo suyo. El Legislativo a lo propio.

Las marionetas son para el teatro y él, hoy se ha convertido en una muy mala, dócil y manejable para el insaciable deseo de poder del mesías tropical, que además de compararse con Juárez y Madero, dice asemejarse a Jesucristo.

Ricardo Monreal tiene en sus manos y responsabilidad mucho que ganar y mucho que perder. Quizás imagina que en la Corte de quien quiere ser Rey, basta con inclinar la cabeza, hacer reverencia y ser obediente hasta la ceguera, para convertirse en el sucesor, pero olvida que quien dice que su pecho no es bodega, guarda resentimientos y rencores hacia todos aquellos que le han querido jugar a las vencidas. El ex gobernador es parte de las pesadillas que han inquietado a López Obrador, a Claudia Sheinbaum Pardo y a Martí Batres por mucho tiempo.

Hoy martes sabremos de que está hecho Ricardo Monreal Ávila y veremos el comportamiento de los demás senadores, que quizás, terminen en bufones de una carpa llamada Cuarta Transformación.

Pobre México y sus Instituciones que se enviaron al diablo porque hoy las entierran, mutilan o desaparecen.

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