Rocío Guadalupe García Pozos, académica de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma del Estado de México, promueve la capacitación de los médicos oncólogos con respecto a la generación de terapias físicas y ocupacionales que eviten secuelas como el linfedema, condición que conlleva la hinchazón en brazos y piernas. 

García Pozos es integrante y terapeuta certificada de la Asociación Linfática de México, asociación civil encargada de evitar el linfedema en pacientes que experimentaron un tratamiento oncológico, con la finalidad de que se reintegren con normalidad a su vida cotidiana y laboral.

La egresada y profesora de la Licenciatura en Terapia Ocupacional de la UAEM destacó el trabajo que realiza con pacientes sobrevivientes del cáncer de mama. “Tras la extracción de alguna de las glándulas mamarias es importante generar un tratamiento preventivo, con la finalidad de detener la acumulación de células que generan fibrosis, la cual ocasiona endurecimiento de la piel y repercute en el movimiento de los brazos”.

La especialista en terapia ocupacional oncológica, indicó que, por ejemplo, tras la radioterapia por cáncer en boca y cuello, los pacientes pueden perder la movilidad de la mandíbula, lo que les impide hablar y deglutir alimentos. 

Rocío Guadalupe García Pozos subrayó que la terapia oncológica a partir de una perspectiva ocupacional se enfoca en la recuperación fisiológica, psicológica y social del paciente, en que recobre sus funciones físicas, adquiera seguridad anímica y se integre a sus actividades cotidianas, especialmente en el ámbito laboral.