Ethel Riquelme

Bastó un minuto, una sola escena de su conferencia de prensa para sopesarlo, para saber en manos de quién está la seguridad del país y… empezar a rezar. Alfonso Durazo argumentaba ante los medios de comunicación, pasadas las 11 de la mañana, la ineficiencia de la Policía Federal y los intereses detrás de las manifestaciones policiacas cuando un escolta le acercó el celular. Leyó un mensaje y retomó el micrófono: ” Hago un llamado a los elementos que acaban de abandonar sus lugares de trabajo llevándose las armas y los vehículos para que los regresen….”.

OMG!!! (Oh My God). ¿Ya tampoco estaba en sus manos?.

Las caras de los propios policías que lo acompañaban ocultaron una sonrisa y la de periodistas ahogaron una carcajada porque, de no ser tremendamente trágico lo que está sucediendo con la inseguridad, sería increíblemente caricaturesco la forma como la manifestación de policías y sus esposas, integrados en “Familias Unidas” han torpedeado el nuevo esquema de seguridad pública e interior, la construcción de la Guardia Nacional y la ejecución de un plan urgente de rescate de la seguridad en las calles en cuestión de horas.

En la construcción del principal proyecto del presidente López Obrador, su responsable del área menospreció, minimizó e ignoró desde hace más de tres meses las denuncias, los videos, infiltraciones, solicitudes oficiales, peticiones formales y hasta amenazas, de los policías federales para ser atendidos. Lejos de conciliar, fabricó una narrativa de confrontación y violencia, puso en boca del presidente los adjetivos contra elementos policiacos, reiteró su antagonismo a la PF desde el mismo foro de inicio de la GN en el campo Marte y terminaría arrinconado llamándolos a negociar.

La crisis llegó; los policías amenazaron y cumplieron y justo cuando anunciaban también la toma de casetas en la autopista a Cuernavaca, el Secretario de Seguridad en su conferencia de prensa, no dejaba de sorprender.

En los primeros párrafos de las cinco cuartillas del discurso reconocería: “…desde el principio tuvimos fallas en la creación de la Guardia Nacional, carecimos de un mecanismo de comunicación con los elementos… “ Así que no fueron informados de su baja, de sus cambios, de sus nuevas condiciones laborales, de sus jefes, de sus misiones, operaciones y demás. Sólo que sea por eso que los policías federales están verdaderamente indignados.

Su gestión tomaba un grisáceo color a medida que admitía errores. Tampoco fue posible poner en marcha la Unidad de Transferencia contemplada por el decreto presidencial de disolución de la Policía Federal, donde se daría atención personalizada a cada uno de los elementos, el sitio donde se responderían las dudas e inquietudes, donde se les podría haber ofrecido una alternativa laboral en la propia administración pública y resolver la indignación antes de convertirse en crisis.

O sea, ¿cómo?. ¿Nunca se creó el área ordenada por la normatividad para dar atención al personal?,¿sí hubo registros para la organización de las armas, autos, instalaciones, uniformes, etc., pero no para el recurso humano?. Su explicación alcanzó el gris bien opaco: “no hubo tiempo”., dijo. Tenían mucha prisa de cumplirle al presidente.

Así que prefirieron rechazar a los policías federales sin previo aviso, aplicar los requisitos que marcaba la Ley Orgánica de la Guardia Nacional y luego ya avisarles que tendrían opciones de ser recolocados en otras instancias del gobierno. Y por primera vez en todos estos meses, enlistó ante la prensa las opciones.

Luego, pasaría al tono más oscuro. Enmedio de la crisis de autoridad, legalidad, inseguridad y gobernabilidad con policías tomando las calles, casetas, instalaciones estratégicas, bases policiacas, algunos llevándose las armas y los vehículos, sus palabras rayaron la oscuridad. Acusó al ex presidente Felipe Calderón de estar tras las manifestaciones, a Ignacio Benavente (ex reo por secuestro) de representar a los policías, a interesados en contratos de adquisiciones de iniciar las movilizaciones y desvió la atención por la banda de las investigaciones de la Función Pública.

Pero al negro, negro, Durazo llegó cuando sus palabras ofendieron profundamente a la institución y sus elementos, cuando narró la forma en que policías federales fueron abandonados por otros gobiernos y sacados, expulsados de hoteles por no pagar.

-¿Qué moral puede tener un cuerpo, una institución que es sacada a la calle de esa manera?, preguntó con una violencia innecesaria, con una falta de sentido común y de respeto a los valores de disciplina, lealtad y entrega que difícilmente pueden comprender los civiles llegados a comandantes, incluyendo claro, a aquél otro Durazo, Arturo, que hasta general se proclamó sin haber pasado por la milicia, sólo por cumplirle bien al presidente en turno.