Francisco Garfias

La revocación de mandato es una oportunidad única que se presenta a los mexicanos para mandar a volar al Presidente de la República antes de que termine su sexenio, si su gestión ha sido mala o pésima.

Pero es también una manera de ratificar el apoyo de la mayoría del pueblo a la gestión de su gobernante.

La figura no existe en las leyes mexicanas. Es una interesante propuesta de campaña del presidente López Obrador, que es vista con suspicacia por el abierto uso electoral que se le quiere dar.

Y es que la iniciativa original plantea que el referéndum revocatorio se realice el mismo día de las elecciones intermedias del 2021.

“El Presidente quiere estar en la boleta”, nos dijo, de inmediato, el priista Manlio Fabio Beltrones, apenas se conocieron las intenciones de AMLO de que la  revocación de mandato se realice durante la jornada electoral.

La propuesta la hace bajo la premisa de que “el pueblo pone y el pueblo quita”.

No hay duda de que el tabasqueño está convencido de ganaría el referéndum. Tiene confianza ciega en su popularidad. Goza de un alto índice de confianza.

Pero no parece estar consciente de que faltan dos años para realizar ese ejercicio y que si la economía sigue como está y la seguridad no mejora, corre el riesgo de perder el revocatorio.

Las filas de los arrepentidos crecen. El hombre empieza a tener desgaste. Lo vemos en las encuestas. Un verdadero albur.

  • AMLO afirma que propuso el revocatorio el mismo día de la elección intermedia “para no gastar”. Pero no le creen los opositores. Yo tampoco.

Ayer dizque cedió. Propuso una nueva fecha: el 21 de marzo, día de Benito Juárez, a quien considera el mejor presidente que ha tenido México.

Pero ese día estaríamos en medio de la campaña. Tendría que haber spots para  difundirlo, que seguramente tendrían un sesgo propagandístico.

Los opositores no cayeron en la trampa. Ayer mismo el llamado “Bloque de Contención” –PAN, PRI, MC, PRD– le dio respuesta en ambas cámaras: 

Sí al revocatorio, pero no en medio del proceso electoral. El bloque lo quiere después de que AMLO cumpla tres años en el gobierno. Es decir, cualquier día después del primero de diciembre del 2021. Sería lo idóneo ¿No?

 

  • Morena y sus rémoras quieren discutir una reforma electoral a partir de un paradigma: la austeridad. 

Argumentan que el sistema electoral es costoso y que deben abaratarse las elecciones.

Suena padre, padrísimo para electores a los que han bombardeado con la idea de que hay derroche en el INE y salarios de insulto.

Se sabe que Pablo Gómez y sus correligionarios quieren eliminar los OPLEs, reducir o desaparecer el Consejo General del INE; recortar a la mitad las prerrogativas de los partidos, disminuir el  tamaño de las cámaras.

Austeridad republicana obliga. No le hace que el INE no pueda organizar simultáneamente los comicios federales y las 32 elecciones locales.

Lo dijo ayer Lorenzo Córdova, presidente consejero del INE, en la Mesa de Análisis Reformas de Órganos Electorales: si se eliminan los OPLEs y se quiere que el INE organice todo, éste debe transformarse; ampliar sus estructuras en los estados, incrementar sus capacidades operativas. “Se  necesitarán más recursos”, advirtió.

Y dijo más, aunque a los “reformadores” de Morena no les guste: El sistema electoral mexicano funciona.

“Si no fuera así, no habría sido posible la tercera alternancia en la presidencia, ni el inédito grado de cambios de ganador que el país ha venido experimentando en los últimos años”, puntualizó.

Edmundo Jacobo Molina, secretario ejecutivo del INE,  hizo notar que no son  nuevos los discursos que buscan hacer pasar al Instituto como una institución cara. “Iniciar una discusión aduciendo el costo es empobrecer la misma, corriendo el riesgo de descomponer lo que funciona”, puntualizó.