ALEJANDRO LELO DE LARREA

Una y otra vez, el canciller Marcelo Ebrard ha respondido tajante que bajo ninguna circunstancia se aceptaría un acuerdo con los Estados Unidos para que México se convirtiera en tercer país seguro para los migrantes que solicitan asilo en aquella nación.

Sin embargo, ayer el canciller firmó en Washington un acuerdo en el que México ya es tercer país seguro, al menos en lo que toca a complacer los intereses estadounidenses, de sacar de su territorio a decenas de miles de migrantes que les han solicitado asilo.

“Los Estados Unidos extenderán de manera inmediata la instrumentación de la sección 235 a lo largo de su frontera sur… quienes crucen la frontera sur de Estados Unidos para solicitar asilo serán retornados sin demora a México donde podrán esperar las resoluciones de sus solicitudes”.

Es decir, México tendrá que hacerse cargo de miles de migrantes, en muchos casos hasta por más de un año.

Al parecer, la parte que no se aceptó (a reserva de conocer los detalles), es que al retornarlos Estados Unidos, los migrantes ya no tuvieran la posibilidad de solicitar asilo en aquel país, y México estuviera obligado a iniciarles un proceso de asilo.

Esto es lo que se conoció ayer, a grandes rasgos, del acuerdo que permitió frenar el cobro de 5% de aranceles.

Lo que no se sabe, es lo que coloquialmente se llama “la letra chiquita”. Esos textos enormes de los contratos (que casi nadie lee), donde, por ejemplo, al otorgarse un crédito, se establecen medidas drásticas en cobro de intereses o sanciones por incumplimiento.

Esto lo deberá explicar a detalle Ebrard, así como las condiciones en que se negoció, porque no está claro.