Ethel Riquelme

Desde que apenas era idea, una conceptualización en la mente de los asesores de Andrés Manuel López Obrador, la Guardia Nacional, esa instancia “superdotada” que promete ser la solución a los males de inseguridad del país, nació, ha crecido y ayer se confirmó como la Guardia del “ya merito”.

Hasta su comandante, Luis Rodríguez Bucio, general de brigada con amplia experiencia en operaciones contra el narcotráfico, se presentó con el aviso de que “ya merito” se volverá civil en cuanto le den la situación de militar retirado –en agosto próximo—y, “ya merito” se lo creemos, porque por cuestiones del servicio, se le puede otorgar una licencia para permanecer en el activo de las fuerzas armadas, más aún cuando apenas cuenta con 62 años de edad y la ley lo obliga al retiro hasta los 65.

IY es que en el esquema de Seguridad Social de las Fuerzas armadas, existe un salvoconducto para los militares retirados a permanecer en el activo si así lo requiere su misión, la denominada “retención” les permitiría a los miembros de la GN no irse de retiro, si nomás tendrían 65 en un gobierno de 80 años promedio.

Así, la construcción de la GN y ahora el nombramiento de su comandante ha estado empañada con decisiones, ocurrencias e incumplimientos desde aquél 6 de noviembre en que, el entonces presidente electo anunciará que pospondría la presentación de su estrategia de seguridad. Falta de claridad en los datos y estadísticas que soportaran una endeble presentación power point de Alfonso Durazo,

El 14 de noviembre se presentó una Guardia Nacional como elemento estrella de un plan de seguridad del gobierno electo, pero “ya merito” era una copia de la fracasada gendarmería de Enrique Peña Nieto, que nació muerta.

Más tarde, el Secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, como ente encargado de asumir las funciones del plan, se brincó las trancas y dio a conocer, incluso difundió entre las instancias gubernamentales, fuerzas armadas y algunos medios de comunicación, una convocatoria para los civiles interesados en integrarse a las filas de la Guardia Nacional. “Ya merito” empezaba a enrolar policías hasta que se percató de que la GN no había pasado por los conductos constitucionales del poder legislativo.

Ahí, en el Congreso, los diputados, gobernadores y representantes de la sociedad civil,  “ya merito” aprueban una propuesta de militarización de la seguridad pública con fuerzas armadas en las calles mientras se conformaba la Guardia Nacional, a no ser porque el diputado Pablo Gómez, de Morena, eliminó el párrafo del artículo transitorio que lo mencionaba.

Tras el enojo del presidente por la ausencia de ese párrafo, el Senado votó y “ya merito” en contra. La propuesta no contemplaba el amplio reclamo de la sociedad sobre el carácter civil y no militar de la GN. Finalmente se planteó alcanzar ese status con la promesa de un párrafo transitorio que definía. “No encontrarse en activo en la fuerza armada permanente” para los integrantes de la Guardia.

Todo el país lo celebrara hasta que se descubrió que el párrafo había desaparecido. La propuesta votada no lo tenía.

Legisladores de oposición y líderes de organizaciones sociales, se indignaron al conocer ayer que el presidente nombró a un militar en activo al frente de la institución que dice él,  “ya merito” podrá cumplir con ese requisito.

Y ¿para cuándo los resultados de combate a la inseguridad?

Ya merito, nomás aprueban las leyes del Sistema Nacional de Seguridad, la Ley de la Guardia Nacional, la Ley sobre el Uso de la Fuerza y la Ley Nacional del Registro de Detenidos. Ya merito.