FRANCISCO RODRÍGUEZ

La costumbre de ensalzar a los corruptos, descalificar los intentos populares de liberación, loar a los asesinos, elogiar a los incompetentes, premiar a los poderosos, arrodillarse ante los organismos y calificadoras extranjeras, encubrir a criminales y pederastas, entre otras, son el viejo constructo del populismo de derecha.

La demagogia del populismo corrupto de derecha hizo demasiado daño al país. Eludió el nacionalismo, distrajo al pueblo alrededor de consignas falsas, burló la cuestión fundamental del desarrollo, agiganto figuras desechables y nos alejó de los objetivos históricos. Hizo una defensa heroica de lo insustancial.

Cuando cae el telón para la noche aciaga del imperio gabacho, cuando se condena el terrorismo financiero, se exhibe sin pudores la derecha intolerante y gazmoña, se degüella en las urnas el tantas veces cacareado poder manipulador de los medios electrónicos, se recuperan la calma y la reflexión.

Se entroniza la conciencia, se recupera el grito liberador de los trabajadores oprimidos. Demuestra que es imposible sustraerse a la dialéctica de la historia, y a lo imposible, como sentencia la oración latina recogida por Ulpiano en el Digesto: nadie está obligado.

Tarea titánica para un régimen empeñado en transformar a la Nación

‎El turno es para quienes enarbolan las banderas de lo sustantivo. Relegar al olvido los adjetivos políticos que sólo significaron miseria, enajenación y pulverización social. Instaurar nuevamente el racionalismo que lucha contra la imbecilidad y el improperio. Rechazar la codicia sin freno apoyada en el temor y el autoritarismo despótico.

Borrar la mentalidad reaccionaria que mezcla la impunidad con los intereses del crimen organizado, el saqueo cómplice y los artilugios electorales. Poner un alto a la hipoteca de nuestro futuro. Es la tarea titánica de un régimen que se empeñe en transformar el panorama nacional y privilegie la proyección histórica del país.

Falta de respeto al electorado y desprecio al trabajo, nuestros vicios

El populismo mexicano de derecha prometió todo a todos, igual que lo hicieron sus similares latinoamericanos: Perón, en Argentina; Getulio Vargas, en Brasil; Carlos Andrés Pérez, en Venezuela; Somoza y Ortega, en Nicaragua; Pinochet, Frondizi y Pinera en Chile; Fujimori, en Perú. Una legión de impostores.

Entre nosotros, que lo incubamos, tiene una historia muy larga: se remonta a nuestros orígenes como colonia española. Uno de los grupos étnicos más atrasados de la península Ibérica, el extremeño, trasladó aquí vicios sociales que arraigaron muy hondo en nuestra estructura de convivencia.

Entre nosotros, existieron dos vicios que, paradójicamente, hoy integran la parte nodal de nuestra resistencia al cambio: la falta de respeto a la voluntad popular y el desprecio al trabajo. Durante siglos, nuestra estructura social se asentó sobre la simulación, el engaño…

… y el despojo como fuentes de prestigio, como pilares del no trabajo. El resultado fue una sociedad interdicta, desorganizada, expuesta a los caprichos del primer caudillo que se presentara a la vuelta de la esquina, para la que el concepto del tutelaje social significó un rasgo benevolente del Virrey o del gobernante en turno.

Todo acto de gobierno debe suponer la existencia de una ley previa

Y así crecimos. ‎Jamás atendimos el consejo de que en la sensibilidad social reside el verdadero genio del gobernante. Nos crecieron los enanos cuando perdimos los puntos de referencia de nuestra identidad como pueblo: desde que los intolerantes acomplejados masacraron a quienes sólo pedían mínimo respeto a sus diferencias.

Desde que perfumados encumbrados empezaron a tratarnos como menores de edad a través de los oligopolios de la comunicación y recomendaron la vía inflacionaria para crecer y el endeudamiento bestial, utilizado como una potestad inconsulta de los mandarines.

Desde que destituimos y desplazamos a los operadores políticos y sociales del sistema por patancitos y simuladores de toda laya que se escudaban en títulos supuestamente adquiridos en centros extranjeros y cuyas recetas no tenían nada que ver con nuestra realidad.

Desde que los gobernantes perdieron el equilibrio emocional, se dejaron arrastrar por su ser inferior y trataron de imponer candidatos a puestos de representación que ni parecían ni eran. Desde que acabamos con los liderazgos regionales para poder desmantelar la producción agropecuaria e industrial.

Desde que no quisimos entender que todo acto de gobierno debe suponer la existencia de una ley previa y quisimos que la realidad fuera la que se ajustara a los caprichos y reformas precipitadas. Desde que no impulsamos la formación de redes ciudadanas de poder representativas de los rostros sociales y emergentes.

‎Desde que premiamos a los lambiscones y castigamos a los leales, en fin, desde que nos empeñamos en no reconocer la edad adulta del pueblo. La historia del populismo corrupto de derecha es la historia de las últimas ocho décadas mexicanas. Pésele a quien le pese.

Primero: erradicar la corrupción antes de que tengamos que mendigar

La extraña sofisticación salinista de poner por delante del arado a las maquinas de guerra imperial para sostener el desarrollo y entrar al siglo XXI resultó tan falsa como su protagonista principal, hoy en sesiones conspirativas españolas con los perdedores del sistema para obstaculizar el cambio. Fracasará nuevamente, es el sello de esa casa.

Primero es el país, antes y por encima de todo. No se puede esperar ningún buen resultado si abandonamos lo que tenemos que hacer al costo que sea para salir del atraso y del engaño. Ha sido el costo histórico del viejo populismo corrupto de derecha.

Limpiar la casa. Elegir a nuestros dirigentes sindicales, agrarios y urbanos para hacer frente a la embestida imperial de querer resurgir merced a nuestras costillas. Erradicar la corrupción, antes de que no tengamos otra opción que mendigar a la puerta de cualquier patrón. Primero lo primero. Antes de que sea demasiado tarde.

Porque eso de rendir honores a los indolentes, a los corruptos y a los verdugos no tiene más futuro que el que hemos visto en esta nación despedazada. Es hora de rendirle culto a la verdad. Aunque duela. Aunque lastime. Aunque provoque miedo entre los negociantes acomodados que difunden su desesperanza de no poder hacer los pingües negocios con el Estado.

Es la hora de la restauración del poder y de la legitimidad obligatoria

Es la hora de México. A eso estamos llamados y todos tenemos que responder. Es hora también de ir pensando en otra forma de constituirnos jurídicamente. Los pendientes del desarrollo son demasiados y cuanto más tiempo pase saldrán más caros. Es la hora de la restauración del poder y de la legitimidad obligatoria para todos.

Los ejemplos de no hacerlo a tiempo sobran en todas latitudes. Los países hermanos los están viviendo. Pongamos las barbas a remojar. No cobijemos a los enemigos de la patria. Sale muy caro.

¿No cree usted?

Índice Flamígero: Escribe don Miguel Ramírez, desde Torreón, Coahuila: “De realizarse los cambios que López Obrador pretende llevar a cabo durante su gobierno, la situación que se viviría en nuestro país sería inimaginable. Muy benéfica para la gran mayoría de su población. En tan sólo dos meses que lleva como presidente ya son palpables algunos de ellos. Quienes están tratando de impedirlos no son solamente algunos partidos de oposición, ya que éstos son vistos con mucha desconfianza y es posible que en las próximas elecciones sufran otro golpe, inclusive más fuerte al que les propinaron Morena y AMLO en las pasadas elecciones del 1 de julio. Grupos muy poderosos están buscando cualquier manera de evitar la consumación de estos cambios. El libro Los Zetas, Inc., de Guadalupe Correa-Cabrera, da una idea clara de ellos. Aquí se presentan algunas de sus partes: ‘Las organizaciones criminales transnacionales han diversificado sus operaciones y ahora están implicadas en nuevos negocios lucrativos, como los secuestros para pedir rescate, la extorsión, el tráfico de migrantes, el tráfico de personas, el tráfico de armas, la piratería de música y videos, la minería y la tala ilegales, la exportación de mineral de hierro y el tráfico ilegal de hidrocarburos y sus derivados (por ejemplo, petróleo crudo, gas natural, carbón y gasolina robada de la compañía petrolera estatal de México), entre otros. Se han construido redes de corrupción innovadoras entre las organizaciones criminales, las policías locales, los organismos de seguridad, políticos en todos los niveles, autoridades federales y diversos actores extranjeros. Algunas empresas formales, incluyendo compañías transnacionales (bancos y otras empresas financieras, compañías energéticas estadounidenses, empresas de seguridad privada, compañías fabricantes de armas y empresas de apuestas), también han establecido nuevas conexiones con las OCT’. Como se verá, el enemigo al que se enfrenta AMLO no es cualquier pichoncito.”

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