Del mayor flagelo del país, los homicidios, no había información oficial oportuna. Y eso que muy tristemente hubo más de 200 mil en el país, entre 2006 y 2018. Pero del robo de combustible, del huachicoleo, Pemex tiene informes precisos desde 2001.

Día por día, un registro del equivalente de número de pipas robadas (de 15 mil litros cada una). No era fortuito.

No era negligencia oficial en un caso y eficacia en el otro. Era un asunto de administración empresarial: tener un inventario preciso del “Pemex pirata”, según nos explica una fuente del gobierno federal.

Es decir, tenían que saber cuánto se robaban al día, para que esos datos cuadraran con los ingresos por la venta del combustible hurtado.

Y de ahí, repartir dividendos, porcentajes en toda la cadena criminal del huachicoleo de cuello blanco.

Así es el diagnóstico que tienen en Pemex. Por eso tal precisión en sus estadísticas. Había que tener control. No querían aquello de ladrón que roba a ladrón.

El negocio dejaba ganancias estratosféricas: 60 mil millones de pesos por año.

Tejieron una cortina de humo para enmascarar que en realidad el huachicoleo era de cuello blanco.

El 80% del hurto de combustible de Pemex salía en complicidad con empleados de los diferentes niveles de la estructura de la empresa.

Y lo sustraían en pipas. De esas imágenes que hemos visto de ordeña de ductos, sólo correspondía al 20% del robo.

“Había información de más en el gobierno, sabían demasiado… Lo sabían todos, desde Fox, Calderón Peña. No se actuaba.

Es muy difícil decir: ‘Yo no sabía’, las autoridades sabían. Tolerancia, vamos a decir, de todos. Omisión”.

Así lo definió el presidente Andrés Manuel López Obrador.