Francisco Garfias

 

El celular sonó a las 12:29 horas del sábado pasado. “Soy José Narro”, nos dijo, la voz seca, del secretario de Salud y exrector de la UNAM. Sabíamos que no era, precisamente, una llamada amistosa. La columna de ese día se titulaba: ¿Narro Porro? Fuego examigo.

En la conversación que sostuvimos le ofrecí al doctor Narro publicar íntegra, sin modificar una coma, la carta que me envió, para manifestar su indignación por lo publicado.

Derecho de réplica obliga.

Dice la carta:

“En la columna Arsenal del 8 de septiembre pasado y de su autoría, desafortunadamente se publica un infundio que lastima mi honor y que falta, absolutamente, a la verdad.

“Lamento con indignación que su espacio recoja una calumnia que sólo puede ser producto de la fantasía y de la mala fe, en especial cuando usted mismo señala que: La versión, nos dice oficialmente la Rectoría, no tiene sustento”.

“Por supuesto que no existe ningún elemento para conceder veracidad alguna al señalamiento en que se me involucra. A pesar de ello, usted decidió publicar una mentira que me agravia, que perjudica la conducta que he seguido en mi vida personal y profesional.

“Y qué además. Enrarece y complica innecesariamente la situación que, actualmente, afecta a la Universidad Nacional Autónoma de México”.

Hasta allí la carta.

Mi respuesta:

He leído y releído la citada columna. En ninguna parte se le hace una imputación al doctor Narro de ser porro o de manejar esos grupos. En ninguna. No hay ni mentira ni calumnia. El que quiera verificarlo puede buscar en el portal de Excélsior el texto publicado el sábado anterior.

Lo que el reportero hizo fue difundir un documento extraoficial que nos dio una fuente que solicitó el anonimato. El texto fue redactado en el piso 11 de Rectoría, donde está el área más sensible: Atención a la Comunidad Universitaria.

El mismo Narro reconoce que la columna recoge la descalificación oficial que del documento hace la Rectoría.

Y deja claro que al exrector de la UNAM lo vinculan con el tema de los porros sólo por su cercanía con Alejandro Fernández  Varela, director general de Deporte Universitario.

Sería el señor Fernández Varela, quien habría convocado a los grupos de porros al intercambio de banderines del clásico Poli-Uni, el pasado 3 de septiembre, según el documento.

Es más. Hicimos hincapié que versiones como la que “embarra” —es la palabra que utilizamos— al doctor Narro, se multiplican por el vacío de información de las autoridades locales y federales alrededor de la agresión a los estudiantes.

Lamento haber lastimado a una persona que respeto y le tengo gratitud.  Deploro que haya escrito la carta tan enojado. Sus palabras reflejan susceptibilidad.

En la conversación del sábado, el doctor Narro me dijo que “eso no es periodismo”. Le respondo que no basta que la Rectoría haya descalificado el documento para no publicarlo, sobre todo, cuando conozco la fuente.

Pero no me quedé sólo con esa versión. Pregunté en Rectoría y a colaboradores cercanísimos al doctor Narro. Son ellos los que me dijeron que era “fuego examigo”.

No esperaba ese tono tan áspero, sobre todo, porque la intención era poner de relieve que la falta de información es terreno fértil para ese tipo de versiones.

Antes de cerrar el tema Narro, haría un exhorto a las autoridades universitarias para que informen si es correcto que el señor Fernández Varela convocó ese día a los agresivos porros que calentaron la Universidad.

El tema de la desestabilización de la UNAM se trató ayer en la reunión de AMLOcon Enrique Graue, en la residencia oficial de la calle Chihuahua.

A su salida, el rector de la máxima casa de estudios reconoció ante los reporteros la insuficiencia de los esfuerzos para erradicar el porrismo de la universidad.

Pero no se quedó allí. Anunció una reestructuración del área de seguridad de la UNAM, a partir de recomendaciones de la Comisión Especial de Seguridad del Consejo Universitario.

“Tendríamos que reestructurar el área de la mano de los trabajadores”, puntualizó.

El Presidente electo escribió en Twitter: “Me reuní con Enrique Graue, rector de la UNAM. Coincidimos en que las demandas de los jóvenes son justas y, como espero se atiendan, pronto volverá a la normalidad. No prosperará ningún intento de desestabilización”.

La mecha, sin embargo, está encendida. El tema se politiza. La Asamblea Interfacultades de la UNAM acordó ayer otro paro de 48 horas a partir del próximo jueves.

Pero también cesar actividades el 26 de septiembre, aniversario de Ayotzinapa, y el 2 de octubre, 50 años de la matanza de Tlatelolco.

¡Cuidado! A los chavos no les basta la palabra del Presidente electo.

Se le alinean los astros a Marko Cortés para ser el próximo presidente nacional del Acción Nacional. Es, prácticamente, un hecho. El otrora coordinador de los diputados del PAN, de filiación anayista, recibió ayer el respaldo de Héctor Larios, quien se perfilaba como su principal adversario, pero también del exgobernador y senador poblano, Rafael Moreno Valle.

Larios amarró ya la Secretaría General. Moreno Valle se quedaría con la coordinación de la bancada del PAN. Supliría al recién nombrado Damián Zepeda, quien se autodesignó en el cargo. Los gobernadores que apoyaban a Larios se sumaron a Marko.

Los azules ya tomaron conciencia de que el único camino para levantar al partido es la reconciliación interna y la unidad.