POR JORGE VELÁZQUEZ
*MILES DE INSULSAS INICIATIVAS A LA BASURA
CON MÁS PENA QUE GLORIA, concluye la LXIII Legislatura. Y tal pena debe llevar, de inmediato, a sacudir al Poder Legislativo: reducir el número de partidos, senadores y diputados.
Hay vicios de todo tipo que la nueva mayoría debe empezar a trabajar de inmediato y que van desde la ausencia de trabajo efectivo de los diputados, el exceso de comisiones legislativas que solo se formaron para pagar “lealtades” y una duplicidad de jefes de comunicación que lejos de coadyuvar a la difusión institucional, entorpecieron las tareas y confundieron a la ciudadanía.
No es para menos. Acostumbrados a cobrar un dineral de los impuestos que pagan los ciudadanos, los diputados, por lo menos estos de la LXIII Legislatura, fueron expertos en buscar más recursos para su beneficio que en aprobar leyes trascendentes. Siempre estuvieron esperanzados a que el jefe del Ejecutivo Federal, les enviará las llamadaas iniciativas preferentes o las reformas estructurales.
De ahí en fuera se la pasaron entre “maiceo” y la presentación de propuestas sin sustento.
Vayamos a ver lo que dicen los números de Integralia y que respaldan lo apuntado aquí.
La LXIII Legislatura del Congreso de la Unión (2015 – 2018) reprodujo muchas de las tendencias que el Reporte Legislativo de Integralia ha detectado desde su primera evaluación en 2011: un elevado activismo legislativo que se traduce en un número creciente de iniciativas de ley, la mayoría de las cuales no se dictamina.
Un uso extenso de la tribuna para fijar posiciones políticas mediante exhortos y puntos de acuerdo, un deficiente funcionamiento del sistema de comisiones, así como opacidad en el manejo recursos humanos y financieros. También se detectan avances en materia de transparencia.
Afirma Luis Carlos Ugalde, director de la citada empresa que durante la Legislatura que termina se presentaron 6,186 iniciativas en la Cámara de Diputados, de las cuales se aprobó el 13 por ciento. En el caso de la Cámara de Senadores se presentaron 1,953 iniciativas; la tasa de aprobación fue de cinco por ciento. Esto no constituye un indicador de productividad, sino de la congestión que producen demasiadas iniciativas y un sistema de comisiones que atiende una porción mínima, ya que la mayoría ni siquiera se desecha, simplemente queda pendiente.
Entre 1988 y 2018 el número de iniciativas presentadas creció de 315 en la Legislatura LIV (1988-1991) a 6,186 en el caso de Diputados. En el Senado la cifra pasó de 36 en la Legislatura LVII (1997-2000) a 1,953 en esta Legislatura.
Por supuesto, pocas muy pocas, sirvieron y vieron la luz.
 
PICOTAZOS
“COMISIONITIS” AGUDA, MERMA AL ERARIO PÚBLICO. En el caso de las comisiones sucedió lo mismo. Hay que recordar que el “pleitazo” primero entre Elba Esther Gordillo contra Emilio Chuayffet Chemor y Manlio Fabio Beltrones y luego entre éstos dos últimos personajes, disparó hasta en más de 180 comisiones las comisiones en la Cámara Baja, algunas tan ridículas y absurdas como la Comisión del Nopal y la Tuna por anotar algo.
Luis Carlos Ugalde es claro y puntual cuando se refiere a este fenómeno:
El Congreso mexicano cuenta con 56 comisiones ordinarias en la Cámara de Diputados y 64 en la Cámara de Senadores. Se trata de un número excesivo que coloca al Senado mexicano como la segunda cámara alta con más comisiones en el mundo y a la de Diputados como la tercera cámara baja con más comisiones. La burocratización del sistema de comisiones es resultado del clientelismo legislativo: dar cargos y estructuras burocráticas a legisladores para su promoción política personal con cargo al erario y a la eficiencia del trabajolegislativo.
Además de las comisiones ordinarias, el Congreso ha creado muchas “especiales”. La Cámara de Senadores constituyó 16 de ese tipo y la de Diputados otras 46. Además, el Congreso cuenta con cinco comisiones bicamerales. Si se suman todas las comisiones del Congreso de la Unión se llega a la cifra de 187.
La multiplicación de las comisiones entorpece el trabajo legislativo, duplica funciones y con frecuencia genera lentitud en el proceso de dictaminación porque una iniciativa es enviada para su estudio a varias comisiones cuya materia se traslapa.
Además del exceso de comisiones, se observa un funcionamiento deficiente. Con frecuencia las comisiones no cumplen con sus obligaciones reglamentarias. Un ejemplo: ninguna comisión de las 56 ordinarias de la Cámara de Diputados cumplió con la obligación de sostener una reunión mensual a lo largo de los 34 meses de vigencia como establece la Ley Orgánica del Congreso General. Muchas no presentaron planes de trabajo ni informes de actividades.
En el caso de las comisiones especiales se observa el mismo fenómeno. Por ejemplo, 13 comisiones especiales de la Cámara de Diputados nunca se reunieron y otras nueve simplemente no reportaron información para saber si lo hicieron. En el caso de las comisiones especiales del Senado, todas —salvo una— provienen de la legislatura anterior (eso es, se recrearon de forma automática), lo cual contradice su naturaleza “especial”.
El trabajo de la nueva mayoría es titánico. Ojala y pueda resolver tan agudo problema… NOS LEEREMOS LA PRÓXIMA ENTREGA…